Agencia de Noticias Independiente

Historias subterráneas de mártires y pederastas

Portada La Iglesia del silencioLa guerra cristera pudo derrotar al Estado mexicano, pero la jerarquía eclesiástica traiciono a los creyentes en armas.

Marcial Maciel, un sacerdote pederasta que sus seguidores querían volverlo santo.

La iglesia del silencio, libro de Fernando M. González publicado por Tusques Editores.

Juan Pablo García Vallejo

Agencia de Noticias Independiente, Ecatepec de Morelos de los Más Pobres, México, Agosto 20 (Cultura).- Acaba de aparecer una obra que causara mucha polémica y se discutirá más sobre ella por los individuos y colectividades que aparecen en sus páginas. En realidad son dos historias subterráneas, una dedicada a los católicos levantados en armas en la mal llamada Guerra Cristera; y la segunda, referida al largo y ya viejo vicio de la pederastia dentro de la Iglesia Católica, con uno de los principales reclutadores de futuros sacerdotes, Marcial Maciel.

Son dos historias subterráneas, muy complejas y difíciles de entender tanto por los sujetos que participantes como por los contextos en que se dan, pero que sin duda alguna adquirirán muchos lectores con el paso de los años. La obra se titula La iglesia del silencio. De mártires y pederastas, publicado por Tusques Editores, en su colección Memorias del Tiempo.

Las causas que originaron la Guerra Cristera contra el gobierno de Calles son múltiples y se acumularon por décadas, pero la más conocida es la prohibición la celebración de las misas, para decirlo en términos sencillos. Y por la cual, muchos católicos practicantes y militantes tomaron las armas para defender sus creencias religiosas en casi medio México, y a la vez, defender al Vaticano. Este conflicto bélico nos lo ilustra perfectamente el corrido de Valentín de la Sierra y como él conscientemente le dice a la Virgen de Guadalupe que “por tu religión me van a matar.”

No es la primera ni la última vez que la Iglesia Católica mantiene silencio sobre conflictos religiosos y políticos, pero ahora este gran silencio se da en México y se vuelve muy rentable para aliviar el desprestigio y crisis de esta institución religiosa en el país.

Fue una guerra que de haberse desarrollado como tal, los católicos la hubieran ganado, porque no es posible que un gobierno laico con un ejército institucional bastante reducido pudieran acabar con millones de católicos mexicanos, algunos de los cuales murieron en la batalla, otros ahorcados en los caminos o fusilados con un buen aparato propagandístico que hasta se dio el lujo de tomarle fotografías para que hoy podamos verlas y algunos puedan dedicarles muchas oraciones. No hay que olvidar que solo Cortés venció al imperio mexica y sus millones de vasallos con 300 soldados y miles de indígenas aliados, pero este no es el caso, el Estado mexicano estaba bastante débil y mal armado.

A una treintena de estos mártires, convencidos de su causa y por la cual murieron, luego de medio siglo se organizo el proceso para logar que fueran canonizados, gracias a las maniobras propagandísticas de la Iglesia católica mexicana.

El investigador, Fernando M. González realiza un exhaustivo análisis y reflexión basado en documentos y cartas poco conocidas entre los distintos jerarcas católicos que siguiendo una práctica diplomática apoyaban a los inconformes pero negaban públicamente tal apoyo.

Esta actitud de doble moral, llevó a muchos mexicanos a morir inútilmente por sus creencias religiosas pues en junio de 1929, se dan los llamados Arreglos, entre la jerarquía católica y el Estado mexicano laico. Así se ve claramente, cómo la Iglesia católica mexicana y también la vaticana, traicionaron a muchos de sus fieles al dejarlos solos. Y se aprovechan  décadas después de estos mártires para convertirlos en santos.

La segunda historia es igualmente complicada y llena de situaciones incomprensibles porque se trata del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, una congregación religiosa creada para reclutar jóvenes sacerdotes. La historia de pederastia se da en todos los niveles sociales, instituciones y organizaciones sociales, académicas, artísticas, pero la que tiene más tradición es la que se práctica secretamente dentro de la Iglesia Católica.

Maciel crea esta congregación en base a un principio del silencio que se impone a todos sus discípulos más que los otros principios religiosos: no decir nada de lo que pasa al interior de ella a otras personas. Y recluta sus alumnos entre las familias adineradas siempre deseosas de ganarse la entrada al cielo gracias a su posición económica y no a sus obras.

Este personaje legendario, carismático y ejemplar, tenía muchas vidas secretas: una como ferviente católico, otra como pederasta, una más como toxicómano y la menos conocida como padre de familia.

La justicia terrenal no pudo hacer nada contra Maciel porque se murió antes y quien sabe si hubiera podido hacer algo porque este personaje tenía muchas relaciones e influencias dentro de las estructuras del poder religioso y político.

Uno de los dogmas invisibles de México, es que siempre llega tarde a todo y esto no puede faltar en cuanto a las denuncias de casos de pederastia cometidos por sacerdotes sobre niños dados a su cuidado. Los casos de pederastia llegan tarde, muy tarde a ser denunciados, siguiendo la moda de sensacionalismo mediático surgida en Estados Unidos, donde la Iglesia católica norteamericana pagó millones de dólares a los padres de los niños abusados sexualmente por años.

A Maciel no se le pudo llevar frente a la justicia terrenal pero sus seguidores querían volverlo santo, muy a pesar de todos los vicios que tenía, proceso que quedó por el momento inconcluso, pero quien sabe cuando pueda terminarse y sorprender a todos que un pederasta llegue a ser santo.

De La iglesia del silencio. De mártires y pederastas, se tienen que hacer varias lecturas, porque Fernando M. González plantea cientos de preguntas conforme va construyendo sus historias y va destripando pensamiento por pensamiento, argumento tras argumento de los sujetos implicados en ellas. Una historia sensacional, una historia de persecución religiosa y de perversidades secretas pero muy rentables para la iglesia católica mexicana.

González, Fernando M.

La iglesia del silencio, De mártires y pederastas

Tusquets Editores, Col. Memorias del Tiempo, México, 2009, 356 pp.

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