Agencia de Noticias Independiente

Fracasa la guerra contra el narcotráfico de Calderón ante los binomios: pobreza – crimen organizado y clase política – cárteles de la droga

México en la hogueraEl ejército en las calles no ha servido más que para incrementar los ríos de sangre y para la violación de los derechos humanos.

Lorena Aguilar Aguilar

Agencia de Noticias Independiente, México (Kaos en la Red)).- México lleva ya aproximadamente tres años sumergido en un invento de Felipe Calderón: su denominada “Guerra contra el Narcotráfico, en el que supuestamente las fuerzas armadas mexicanas combaten a los cárteles de la droga del país. Sin embargo, conforme va transcurriendo el tiempo podemos ver que esta invención del ocupante de Los Pinos no ha arrojado los resultados prometidos al inicio del proyecto.

Es un hecho innegable que el crimen organizado, en especial el tráfico de drogas, representa uno de los principales cánceres que azotan a la nación mexicana, y por lo tanto es de suma urgencia que este fenómeno que mucho le ha costado al país, en el sentido humano así como en lo económico, sea enfrentado y eliminado de nuestra sociedad. A pesar de la urgencia que el problema representa las supuestas estrategias diseñadas para su combate no han sido más que fracasos rotundos.

A pesar de que el tráfico de drogas extiende sus redes en México desde hace aproximadamente tres décadas, es a partir del año 2000 cuando la violencia generada por este negocio ilícito comienza a recrudecerse, y en diciembre de 2006, Felipe Calderón lanza a las fuerzas armadas a las calles para supuestamente combatir de manera frontal a los principales cárteles de la droga.

Hasta donde se ha podido ver, la única herramienta utilizada por Calderón ha sido el enfrentamiento armado, lo cual al día de hoy no ha dejado satisfechos a ningún sector de la sociedad, no solamente por las innumerables muertes que ha acarreado, si no que además las principales organizaciones de narcotraficantes, lejos de ir perdiendo poderío, parecen estar aumento su fuerza de penetración en nuestra sociedad. A pesar de esta realidad, los responsables de la seguridad pública en México insisten en mantener el discurso de la “utilidad” del enfrentamiento; y queriendo tapar el sol con un dedo afirman que esta guerra la está ganando el Estado Mexicano.

El ejercito en las calles no ha servido para otra cosa que no sea para incrementar los ríos de sangre que corren por el país, además de acrecentar la violación sistemática de los derechos humanos de los mexicanos, y por otra parte es totalmente inútil ante los verdaderos elementos que contribuyen al desarrollo del crimen organizado.

Binomio Pobreza-Crimen organizado

La cuestión es que el fenómeno del narcotráfico va estrechamente ligado a la pobreza y a la descomposición social que ha dejado el neoliberalismo en el país, por ejemplo, en la región de La Montaña en Guerrero, la única alternativa que han visto los indígenas para poder subsistir ha sido el cultivo de la amapola.

Pero el binomio pobreza-tráfico de drogas no solamente se da en el ámbito rural. Los altos niveles de descomposición en las ciudades han arrojado a cientos de jóvenes a las garras del crimen organizado. Las faltas de oportunidades de trabajos dignos y bien remunerados, es decir, las puertas cerradas dentro del propio sistema, la desesperación y la angustia por sobrevivir hacen que muchos mexicanos sean presas fáciles de este tipo de negocios.

No hay que olvidar que cada ser humano es producto del medio en el que se desenvuelve, quienes por su situación se ven envueltos dentro del crimen organizado no nacieron siendo delincuentes, más bien se podrían considerar como un producto del mismo sistema.

Mientras el sistema neoliberal, violento en su propia naturaleza, continúe destruyendo las oportunidades de miles de mexicanos, ni el narcotráfico, ni cualquier variante del crimen organizado podrán combatirse y mucho menos erradicarse de nuestra sociedad.

Nexos clase política-narcotráfico

Por otra parte, no podemos dejar de lado otro de los principales factores que alimentan y contribuyen a incrementar el poder expansionista de los cárteles de la droga en México. Como bien se sabe ya, la corrupción en todos niveles gubernamentales ha sido un factor primordial en el desarrollo de las redes del crimen organizado en el país.

Ninguna organización delictiva puede expandirse a no ser con la anuencia de autoridades, ya sean locales o federales. Esta es una realidad que no se puede obviar más. Hoy por hoy, el crimen organizado ha logrado infiltrarse hasta en las más altas esferas del poder político y empresarial en México.

Solamente por poner un ejemplo, en Yucatán, la familia del ex gobernador panista Patricio Patrón Laviada, ha sido señalada por sus vínculos con el crimen organizado, los hermanos del ex gobernador y actual titular de la PROFEPA cuentan con un importante historial de lavado de dinero y daños al erario público en el estado, todo esto en colusión con su socio, el ex banquero y actual especulador de tierras, Roberto Hernández. Sin embargo, la Procuraduría General de la República nada ha hecho al respecto y hasta hoy todos siguen impunes.

Tampoco podemos olvidar los nexos que unen a Raúl Salinas de Gortari y a los hermanos Hank Rhon con el crimen organizado, por otra parte, cada vez son más las voces que señalan que el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Genaro García Luna, también cuenta con lazos en el crimen organizado. Independientemente de los niveles gubernamentales o de los colores del partido, es un hecho real que el narcotráfico se ha enquistado dentro de la clase política en general.

Ante esto es innegable que el circo que montó Felipe Calderón hace casi tres años, y que desgraciadamente ha costado la vida de miles de mexicanos, ha demostrado ser totalmente inservible para resolver el problema del narcotráfico de drogas. Hasta el momento no ha habido una verdadera voluntad política para acabar con este cáncer.

No se han mostrado las mínimas señales de querer tomar el toro por los cuernos e ir a la raíz del problema, por el contrario, la clase política continua empeñada en darle continuidad al sistema neoliberal que tanto daño ha hecho al país, favoreciendo sólo a las élites empresariales y dejando a su suerte, y totalmente vulnerables ante la delincuencia organizada, al pueblo entero.

Esta situación no hace más que confirmar la tesis de que el ocupante de Los Pinos no tiene una intención real de combatir el crimen organizado, especialmente el narcotráfico, si no más bien todo parece indicar que este problema social es utilizado con fines politiqueros como podría ser la necesidad de Calderón de legitimarse en el poder, lo cual ha sido lo único en lo que ha invertido todos sus recursos desde que llego a la silla presidencial.

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