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La Exposición colectiva de artistas mexicanas “La Ciudad de las Mujeres” se presentará a partir del 1 de julio en el Museo Mural Diego Rivera

Exposicion colectiva Ciudad de las MujeresSin ánimo panfletario, aunque con guiño provocativo, se tomó como punto de partida el argumento de la película de Federico Fellini.

EL Museo de Mujeres Artistas Mexicanas celebra un año de existencia.

Museo Mural Diego Rivera, México, Distrito Federal (Agencia de Noticias Independiente).- Un año de existencia festeja hoy el Museo de Mujeres Artistas Mexicanas (MUMA), proyecto independiente sin fines de lucro dedicado a la memoria, investigación y difusión del trabajo de artistas con trayectoria y emergentes, mediante un espacio virtual que comprende una galería en constante actualización, una sala de exposiciones temporales de giros diversos, una biblioteca, una videoteca y un foro de discusión, mismos segmentos que invitan a aproximar al público a más de 140 creadoras que han destacado en los campos de la pintura, la escultura, la fotografía, el video, la instalación, el performance y las artes interdisciplinarias. (Visita el Museo de Mujeres; haz clic aquí)

Para celebrar este aniversario, el Museo Mural Diego Rivera presenta a partir del 1 de julio la exposición colectiva de artistas mexicanas “La Ciudad de las Mujeres”, cuya selección estuvo a cargo de la curadora Sylvia Navarrete.

La exposición temporal que será inaugurada ese día por la noche (7 p.m.) por la Mtra. Carmen Gaitan, directora del Museo Mural Diego Rivera, se propone ―sin ánimo panfletario, aunque con guiño provocativo— tomar como punto de partida el argumento de la película de Federico Fellini La ciudad de las mujeres (La Città delle donne, 1980), en la cual un despistado ejecutivo víctima de sus instintos seductores (Marcello Mastroianni), se ve atrapado en un hotel que aloja un caótico congreso feminista, y acaba confrontado a un maremágnum de criaturas más o menos retadoras y alucinantes.

La anécdota es un pretexto para efectuar un recuento historiográfico mediante ocho obras realizadas por mujeres en México entre 1989 y 2009. No es nuevo el método cartográfico, habiéndose aplicado para ubicar determinada generación en su contexto cultural. Lo que en cambio resulta poco frecuente es la confrontación deliberada de pintoras activas desde la década de 1980 y de otras que tienen un acceso aún restringido a los recintos estatales.

De modo que la propuesta admite su sesgo arbitrario, no sólo al enfocarse únicamente a la pintura, sino a quienes la han practicado en esta vuelta del siglo, dejando una huella significativa en la escena artística del país, así como a aquellas que están ahora contribuyendo a enriquecerla con aportaciones dignas de interés, en virtud de su capacidad de revitalización de los modelos plásticos en vigor.

Varios arquetipos convocan los cuadros de las artistas seleccionadas: el de la megalópolis como materia poética, que conoce un repunte tras las revueltas estudiantiles del ’68 y el temblor del ’85; el del espacio doméstico e íntimo vulnerado por la esfera pública; el del cuerpo concebido como un complejo laboratorio de deseos, afectos y sensaciones contradictorias…

En el plano estético, se observa una clara mutación de la noción de formalismo, que transita de la abstracción de raigambre lírico (Liliana Duering, Gabriela Gutiérrez) hacia vocabularios híbridos de tono alegórico (Manuela Generali, Estrella Carmona), prospera en una figuración que asume su vocación documental (Claudia Pérez Pavón), y desemboca en orientaciones pictóricas que hacen de la saturación un recurso expresivo común, cuyo diseño denota la impronta de los lenguajes mediatizados, tanto de la psicodelia sesentera y la ultranza funky ochentera (Naomi Rincón Gallardo, Alejandra Contreras), como del cómic y el hiperrealismo fotográfico (Rocío Gordillo). Diversas son las estrategias visuales de estas artistas, al articular tales oposiciones entre realidad, imaginario, ideal y artificio, y al manifestar la voluntad de encontrar nuevos patrones de representación de las identidades y sensibilidades urbanas.

“…la discusión sobre las mujeres y el arte en México camina en círculos, no avanza y […] parece no tener público. Sin embargo, frente a esta realidad deprimente, hay un número cada vez mayor de alumnas de artes visuales, historia del arte, comunicación y ciencias sociales en licenciatura y posgrado que se interesan en estos temas, los encuentran iluminadores para su trabajo e incluso escriben tesis sobre ellos”, observan las investigadoras Karen Cordero e Inda Sáenz.

Constatada esta circunstancia, e independientemente del grado de compromiso de cada una de las artistas aquí reunidas con los planteamientos del feminismo, resultaría anacrónico negar la repercusión que ha tenido esta corriente de pensamiento, no sólo en la alteración de los patrones artísticos y visuales desde finales del siglo XX, sino en la evolución general de la participación de la mujer en la sociedad, a cualquier nivel.

Ahora bien, si en la mayoría de las obras aquí convocadas no se disciernen postulados feministas declarados (tampoco es éste el propósito de la exposición), lo cierto es que la inclusión de las mujeres en muestras individuales y colectivas presentadas en museos y otros foros suele no superar un tacaño 20% en proporción con la convocatoria del sexo masculino. ¿Acaso no brinda esta estadística un motivo suficiente para dedicar un espacio exclusivo a la reflexión en torno a la producción reciente de pintoras con un potencial creativo comprobado?

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