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Pero me gusta lo bueno. Una lectura ética de los corridos que hablan del narcotráfico y de los narcotraficantes, libro de María Luisa de la Garza

Posted in Agencia de Noticas Independiente (ANI), Artículos de Juan Pablo García Vallejo, Libros by Agencia de Noticias Independiente on octubre 22, 2008

Por Juan Pablo García Vallejo

De pobres a millonarios desclasados; de gente anónima a figuras públicas de la ilegalidad; de seres impotentes a temibles dirigentes de ejércitos de sicarios; de simple empleado familiar a exitoso empresario transnacional; de precaristas estructurales a héroes de la distopía deshumanizadora; de ser un Don Nadie llegan a ser hombres realizados y felices; de tener una pobreza alimentaría pasan a gozar la nueva cocina internacional; de sufrientes se convierten en violadores de los derechos humanos; de ciudadanos de tercera se declaran fervorosos patriotas defensores de México; de abiertos transgresores de la Ley se vuelven inconcientemente en partisanos conservadores del estatus quo…todo esto dicen los narco-corridos de las variadas representaciones sociales de los personajes de narcotraficantes.

Aunque hay muchas otras cosas que no dicen pero que analizándolos con detenimiento están ahí, y quienes los componen, los interpretan y los consumen, escuchándolos, cantándolos o bailándolos en fiestas y conciertos masivos, nunca se detiene a ver qué dicen en realidad todo este bombardeo constante y zombificador de narco-corridos. Un género musical con mucho pegue dentro de la cultura comercial popular porque llegan a todos lados, de forma legal o pirata, y son los vehículos sociales de transmisión de los mensajes y acciones de los narcos,  y en el fondo potencian la violencia constante contra toda la sociedad.

Tal es su nocividad cultural que ya la Secretaría de Educación Publica (SEP) ha restringido su difusión e inclusive en los libros de texto. Y no es la primera ni la última vez que una género musical considerado como inmoral es censurado por la institución encargada de la educación de la sociedad o de su salud mental y estética, pues ejemplos abundan como los jarabes, el vals en tiempos de Goethe, los boleros de mujeres de la calle, el rock y ahora los narco-corridos. A muchos la decisión de la SEP les parece un acto de autoritarismo pero se hace para evitar que su percepción y educación estética o musical se deteriore cada vez más.

Ahora hay ya muchos libros del narco, unos buenos y otros malos, meros bomberazos mercadotécnicos, es paradójico que se sigan produciendo más libros cuando el auge mediático del narco fue muy apresurado a causa del cine, casi vanagloriado, con decenas de películas de los hermanos Almada. Hoy tales películas palomeras son inexistentes y no por la crisis perpetua del cine mexicano porque si los barones de la droga se deciden ellos mismos producirían sus películas (como lo han hecho en otros países) y crearían sus premios cinematográficos y las exportarían como las telenovelas a todo el mundo y les serviría de lavandería de sus enormes ingresos subterráneos.

En el libro Pero me gusta lo bueno. Una lectura ética de los corridos que hablan del narcotráfico y de los narcotraficantes, de María Luisa de la Garza, doctora por la Universidad de Madrid, publicado por la Editorial Miguel Ángel Porrúa  y la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, será muy útil a todos aquellos que consumen este tipo de música  porque aquí se analizan éticamente 250 narco-corridos por ella escuchados hasta el cansancio pero que le sirvieron para escribir este interesante investigación filosófica-cultural y llegar a desnudar sus discursos simples desde una optima más que crítica.

De toda esta muestra de narco-corridos la autora escogió algunos versos que van dando título a los capítulos y secciones de cada uno: De la buena vida a la buena vida. La Realización personal; “Todos tienen de lo bueno porque les doy lo mejor”. Los patrones de la excelencia; “No te fíes de los halagos, ni siquiera de parientes”. Las relaciones interpersonales; “Que llegaron los federales para acabar con los narcos”. La relación de las fuerzas del Estado; “Ya mi tierra tiene fama de secuestros y bandidos”. El orden social y “No quieren que exista la droga, pero se dan privilegios”. Las relaciones con Estados Unidos.

Esta investigación de la doctora De la Garza es bastante valiosa en estos días porque analiza los narco-corridos desde el terreno filosófico, precisamente más desde el terreno de la ética, de lo que está bien y lo que está mal, sin dejar de lado el análisis semántico, gramatical y retórico del carácter de los personajes narcotraficantes y sus acciones para conseguir el éxito en su negocio ilegal o para burlas a la justicia.

Más allá del culto al héroe surgido del mundo marginal, de narrar sus acciones, exaltar los valores de valentía, astucia, éxito empresarial, machismo, soberbia excesiva, de burlar la Ley y desafiar al Estado, los narco-corridos tienen un discurso bastante irresponsable, pues si bien es ya un grave peligro que le hayan quitado al Estado el uso legitimo de la violencia ahora ésta es dirigida no solo contra las distintas fuerzas del orden, sus competidores nacionales, regionales o extranjeros como los colombianos sino que significa una inestabilidad permanente del orden social y el deterioro de los lazos sociales, creando así un Estado paralelo, un Estado de ilegalidad constante o de una sociedad incivil organizada (SICO) muy bárbara y conservadora, para no confundirla con la sociedad civil organizada tan mitificada y que es en realidad muy manipulable, frágil y de poca influencia social.

“El respaldo absoluto que los corridistas otorgan  a los narcotraficantes cuando narran un enfrentamiento directo con la autoridades se enmarcarían en esta tradición (de rebeldes sociales o de bandidos generosos), pero hoy por hoy, algunos narradores se solidarizan con personajes de una violencia tan extrema como gratuita (Se ha sustituido la fuente de injusticias y abusos, y la nueva fuente de violencia no se rechaza ni se censura. En estos casos, verdaderamente resulta más amenazante el discurso del corridista que el de los personajes narcotraficantes, por lo que su decir implica de normalización de la violencia.”

En ellos también se da cuenta de los temores de los narcos: a la traición, a ser detenidos y apresados, a ser extraditados a los Estados Unidos, que significa “morir lejos de México”, como dice Jorge Negrete en México lindo y querido. La traición por parte de alguno de sus subalternos, el soltar la sopa por la tortura policíaca, por la negociación de conseguir la libertad o por los celos de las mujeres, ocasiona una respuesta muy violenta. Mientras que la prisión ya es algo menos molesto porque ni ahí encerrados los capos pierden su poder dentro de su estructura criminal, pues rápido llegan a tener control de los centros penitenciarios e inclusive a fugarse de ellos.

“Los corridos muestran reiteradamente las enormes carencias del sistema mexicano de procuración y administración de justicia: además de la corrupción está la ineficacia, el abuso de poder, el desamparo en que a causa de esto se encuentran los más débiles y las argucias procesales a que pueden atenerse los más poderosos”.

Los narco-corridos tienen éxito porque simplemente narran historias de gente del pueblo que padece hambre, miseria y es incapaz de acceder a los privilegios y espejismos creados por la sociedad de consumo, la principal representación social del narco es como la forma de movilidad social más rápida para acceder al poder económico y con ello a todas las bondades que de él se desprenden: prestigio e influencia social, admiración, aventuras amorosas, el deseo imparable de acrecentar poder, la pleonexía, un grado mayor de avaricia y llegan a justificar este negocio ilegal como si fuera una causa patriótica frente a los Estados Unidos o buscan otros pretextos para su actividad delictiva como el ser producto de fuerzas misteriosas e invisibles.

Finalmente se desmenuzan las formas en que los corridos tienen para deslegitimar a quienes tienen que vigilar el comercio ilegal de drogas: “el trabajo discursivo de los personajes narcotraficantes que realizan para deslegitimar a quienes tienen por función impedir que continúen haciendo lo que hacen es incluso más diverso que el que realizan para legitimarse a sí mismos” Y llegan hasta  presentarse como combatidores de la droga, que proviene de Sudamérica de mejor calidad y compite con la mexicana. Y hay escasos corridos que hablan de policías y militares honestos,  pero estos no son del gusto de los fanáticos de este género musical.

* La poética de la sociedad in-civil

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