El Programa del Templo Mayor lleva 30 años; han estudiado 147 ofrendas y premiado varias investigaciones
Coyolxauhqui le dio rostro a la cultura mexica
Juan Pablo García Vallejo
Agenda Cultural, Ciudad de México. - El Programa del Templo Mayor cumple 30 años de investigación arqueológica en el centro Histórico de la Ciudad de México y el hallazgo que motivó toda esta investigación sobre la sociedad mexica fue el descubrimiento accidental de la diosa de la luna llamada Coyolxauhqui, el 21 de febrero de 1978. Gracias a esta intensa investigación antropológica varias tesis de doctorado han sido premiadas por el INAH.
Coyoxauhqui permite un conocimiento más directo de la cultura mexica porque antes solo se conocía a partir de los documentos escritos en el siglo XVI que son de carácter histórico.
Hasta 1978, el conocimiento que se tenía sobre la cultura mexica procedía básicamente de las fuentes documentales del siglo XVI, sin embargo, el hallazgo del monolito de la diosa Coyolxauhqui vino a “cimbrar” una parte del Centro Histórico de la Ciudad de México para dejar al descubierto los vestigios del Templo Mayor de México-Tenochtitlan.
Este descubrimiento dio paso a la instauración de una de las iniciativas académicas más exitosas y de más largo aliento en la arqueología mexicana: el Proyecto Templo Mayor, que a tres décadas de distancia ha permitido la exploración de aproximadamente 13 mil 500 m², en los cuales se ubicaron los restos del principal edificio mexica y de 14 construcciones de menor tamaño.
“Hasta la fecha se han recuperado 147 ofrendas, de las cuales han salido más de 13 mil objetos. Y entre los resultados del proyecto está ni más ni menos que la apertura, en 1982, de la zona arqueológica, y la creación del Museo del Templo Mayor —inaugurado en 1987—, sede de un centro de investigación del que han derivado cerca de 400 publicaciones”.
Y para festejar el 30 aniversario del descubrimiento de esa diosa de la luna se organizó la exposición Coyolxauhqui y el Templo Mayor. 30 años reconstruyendo el pasado. 1978-2008. A partir del 25 de abril y hasta el 31 de agosto, quien visite el Museo del Templo Mayor podrá apreciar una retrospectiva compuesta por alrededor de 90 piezas —algunas nunca antes vistas—, gráficos, videos, e inclusive apreciar el original de Coyolxauhqui bajo luces especiales que recrean su cromática primaria, la que estuvo compuesta por rojo, ocre, azul, blanco y negro, según un estudio reciente.
Uno de las sorpresas de esta exposición para el público mexicano y extranjero que visita el Templo Mayor será poder ver una reproducción de la diosa con sus colores originales.
“Frente a la pieza principal del museo, es decir, el monolito de Coyolxauhqui, se hace una reproducción de luz que recrea los colores originales de la misma, y se agregan las ofrendas que se hallaron asociadas a esta deidad”, afirmo Miguel Ángel Correa, subdirector del Templo Mayor.
En conferencia de prensa, el doctor Eduardo Matos Moctezuma, investigador emérito del INAH, expresó que una de las principales virtudes del Proyecto Templo Mayor es su interdisciplinariedad, es decir, en él se conjunta el trabajo de arqueólogos, biólogos, geólogos, químicos, restauradores…, convirtiéndolo en el programa dedicado a estos temas que más reconocimientos ha obtenido.
Entre las piezas que destacan como parte de la exposición se encuentran cuatro almenas monumentales, de siete que fueron localizadas durante exploraciones en el domicilio de Donceles 97; fragmentos de dos figuras que representan a las deidades de Mictlantecuhtli y Xiuhtecuhlti, un Cuauhxicalli o recipiente en forma de águila, y la Piedra de la Librería Porrúa o La biznaga.
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